FIDÍPIDES, EL QUE SE AHORRA LOS CABALLOS.


Sacado del blog de mi amigo Pedro “Lincemalaca”

Fué en el siglo V a.c., el emperador persa Dario I, que sometía a media Asia, Oriente Medio y parte de Europa Sur Oriental en su basto imperio, quería vengarse de algunas ciudades-estado griegas, entre ellas Atenas, por haber apoyado una sublevación de ciudades de Asia Menor y Chipre. Fue la primera batalla a gran escala entre estas potencias, griegos y persas, “la Revuelta Jónica”. Para ello, mandó un enorme ejército comandado por su general mas fiel y sanguinario, Datis. En su avance, aniquiló Eretria y muchos poblados, siguiendo las órdenes de su señor: -quemad, arrasad-.

Los atenienses, resguardados tras sus débiles murallas no contaban con un ejército tan numeroso como el Persa de cientos de millares. Optan por igualar sus fuerzas a campo abierto, pidiéndole a Esparta que cumpla la firma del tratado de unión ante la invasión persa. Y aquí, en estos días de incertidumbre, miedo, esperanza es donde entra nuestro antepasado, Filípides, conocido como Fidípides, un profesional de la larga distancia.

En estos días estoy leyendo una novela histórica que parece bien documentada, Salamina. Un regalo de mi buen amigo, consejero literario y compañero de batallas, Feu.

Es por ello, que os voy a poner unos párrafos de una parte de esta lectura histórica. Mientras la leía me regocijaba y recreaba en la descripción que le daba el autor:

…..Cuando unos años atrás se había pactado el acuerdo de defensa mutuo entre Esparta y Atenas en caso de agresión persa, el consejo se empeño en enviar un mesajero montado a caballo para que transportara con la mayor urgencia posible los términos del tratado. El que aún era llamado Filípides aseguró que llegaría antes y lo desafiaron entre risas. El mensajero a caballo salió a la carrera y Filípides comenzo a su ritmo.
Filípides, que apenas necesitaba unas horas de sueño al día y que de noche veía como un buho, siguió trotando con su paso constante y, a la altura de la laguna de Estinfálide, adelantó al jinete aprovechando que estaba dormido. El caballo llego a Esparta medio día después, con los cascos en tan mal estado que tuvieron que sacrificarlo. Por ello, comenzaron a llamarlo, Fidípides, el que se ahorra los caballos.
De Atenas a Esparta:

…….Fidípides se detuvo un momento para acercarse a la orilla del río…… . En el zurrón colgado a su espalda llevaba un frasco de vino fuerte, casi vinagre, para purificar el agua de las fuentes y charcas del camino…… . Cuando viajaba, bebía siempre que le surgía ocasión, aunque creyera no tener sed, pues sabía que de no hacerlo acabaría sufriendo calambres que no le dejarían continuar.
Se incorporó y estiró los músculos. Después se volvió a atar el barbuquejo del sombrero; en vez del típico pétaso de caminante, cuyas anchas alas habrían opuesto demasiada resistencia al aire, usaba uno de estilo frigio. Se levantó la túnica y se apretó bien el perizoma que llevaba debajo, para evitar rozaduras. Después completó su rutina atándose de nuevo los cordones de las botas, que eran de la vitela más fina y sido cosidos con todo esmero para que las costuras no le hicieran llagas en los pies. Valían 20 dracmas, igual que el repuesto que llevaba en el zurrón.
….. Siguió trotando, al paso constante que llevaba la mayor parte del tiempo. Cada diez kilómetros más o menos se paraba respirar hondo un rato y después caminaba durante otros dos kilómetros antes de reemprender la carrera. La experiencia le había enseñado que así reservaba energía y sufrían menos las articulaciones. También se frenaba al subir pendientes empinadas, e incluso al bajarlas, pues había comprobado que a veces, si corría demasiado rápido cuesta abajo, orinaba sangre.

En Esparta y con la contestación de los espartanos a la rogativa ateniense:

…….Fidípides, tras recibir la contestación de los Eforos, Leónidas le dice: -Come y descansa hasta mañana, Fidípides. Te espera un largo camino de vuelta.
Fidípides levantó la barbilla.
-No puede ser, señor. Las buenas noticias han de llevarse pronto, pero las malas deben llegar incluso antes.
Leonidas le estrechó la mano con fuerza.
-Merecerías ser espartano, hijo de Hermes. Cuando lleges a Atenas, diles a tus generales que deben tener paciencia y aguardarnos. Dentro de nueve días veréis las lambdas de nuestros escudos.

De vuelta a Maratón:

Fidípides comunica a los generales helenos la mala noticia de que los espartanos tardarán en llegar, y entre discusión y discusión de estos el cansado y mermado Fidípides, que como dice el autor: – la poca carne que tenía se la había dejado en el camino, se dirije a ellos y les dice: -Si tanto me lo agradecéis y me admiráis, dejad que me acueste o matadme.

Y es que este hombre, que vivía de sus piernas y disfrutaba de ello, se había hecho 250km hasta Esparta y otros 250 km de regreso a Atenas y aún tuvo que hacer un último esfuerzo, ir a Maratón y reunirse con el ejército, otros 35 km. En tres días y medio.

Hoy, todos los años, a finales de septiembre, se organiza la Sparthatlon. Una competición de ultrafondo que “simula” unas de las gestas de este Héroe (“sólo” la ida), en la que muy pocos logran terminar, uno de ellos nuestro amigo Mark Steven Woolley “markita”, que en su tercera edición, besó los pies de Leónidas.

El curso de la historia le deparó una “muerte dulce”, murió haciendo lo que le gustaba: correr.

Un pensamiento en “FIDÍPIDES, EL QUE SE AHORRA LOS CABALLOS.

  1. Eso, a ver si se entera ya la gente de que no se murió por correr 42 kms.

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