Los Tercios de Flandes.

Viendo el sabado la película “Alatriste” recordé la frase de nuestro amigo Jaime al vernos llegar a meta del UTMB “pareceis soldados que llegan de luchar en Flandes”. Que buen recuerdo, era mi segundo intento en el UTMB, y esa vez estaba más preparado y concienciado de lo que tenía por delante, y además acompañado de mis compañeros Javier y Manuel. La llegada a meta fué espectacular, y en cierto modo si que veniamos de una guerra, la que cada uno tiene consigo mismo y con la montaña.


Creo que es el momento de poner mi crónica en el blog, en su dia aún no lo había creado, y es una buena ocasión para el recuerdo y para hacer una idea a aquellos que este próximo mes de Agosto se enfrenten a dicha prueba. Aprovecho para comentar que la película “Alatriste” me pareció muy entretenida y con muy buenas referencias a la historia de España.

Cronica UTMB 2007:


Una vez más, la magia que envuelve a Chamonix en este fin de semana tan trailero, era excusa suficiente para que cualquier amante del pateo por montaña se acercara a este pueblecito enclavado en los alpes franceses. La celebración de las dos carreras , Courmayeur-Champex-Chamonix (86km-4500m+) y Ultra Trail Mont Blanc (163km-8900m+), hacen que el pueblo parezca invadido por una raza de hombres y mujeres de gemelos muy marcados y sonrisa muy amplia, cada cual con su bandera y su historial en las piernas, pero todos con la ilusión de completar un recorrido imposible, despiadado y en algunos tramos inhumano.
Por segundo año formo parte de la expedición andaluza con más solera, compuesta este año por los Ultraxulis de Malaga y Ultrafondo Algeciras (cariñosamente llamados “Kroquetas”) y yo que soy de La Línea y entreno con los dos grupos. En Ginebra se nos une Carlos (llamado Zanoni en los foros de montaña) y junto con unos corredores que vienen de Colorado (EE.UU) subimos al microbús que nos lleva hasta Chamonix. Nos llueve durante el trayecto, pero seria la última vez que la lluvia nos visitara durante el fin de semana.
Al llegar a Chamonix nada de distracciones, soltar maletas e ir a pasar el control de mochila con el equipo obligatorio, si no pasas el examen te quedas sin dorsal. La feria del corredor como siempre, materiales técnicos y mil opciones para patear el mundo de forma extrema, ¡quien tuviera suficiente pasta para no tener que elegir destino con tanto recelo!

Recogemos el dorsal y nos ponen dos chips en la muñeca para tener controlados nuestros pasos y tiempos en cada momento. El seguimiento por internet fue muy emocionante, la familia y los amigos iban comprobando online los pasos de cada corredor por los diferentes controles, con tiempos y puestos en la clasificación en el momento de la consulta. Mi familia, inquietos, se levantaban varias veces de madrugada para ver si seguía avanzando y así poder volver a conciliar el sueño un rato.

Viernes por la tarde, nervios, entrega de sacos con material para cambiarte de ropa en Courmayeur y Champex, y camino a la zona de salida que ya estaba invadida por corredores de todas las nacionalidades. Nos hacemos un hueco y nos unimos junto a otros tantos españoles de muchos puntos de la piel de toro. Como es costumbre en nosotros, montamos una fiesta para hacer pasar el rato entre risas y canciones.
18:30h , por fin suena Vangelis, nos abrazamos y deseamos suerte, ahora ya solo queda correr y hacer bien los deberes, ganar tiempo al principio para poder ir mas relajado al final, cuando ya va uno destrozado y cuesta mas avanzar.
Los primeros kilómetros son fáciles, se pueden correr sin problema, una serie de toboganes que van siguiendo el curso del río y paso por el primer avituallamiento en Les Houches (km 8). A partir de este punto empieza el verdadero perfil del UTMB, subida hasta La Charme y bajada brutal hasta Saint Gervais (km 20) donde los cuadriceps son puestos a prueba y los nuevos ya van comprobando en el lío que se han metido. Comenzamos ahora a subir y no dejaremos de hacerlo hasta el km 44, el refugio de La Croix du Bonhomme, se hace interminable, 2433m de altitud y el frío que hace acto de presencia. Ya hay gente que baja en sentido contrario en señal de retirada, queda muchísimo por delante y esta subida mina la moral de muchos.
La bajada hasta Les Chapiex es muy pendiente, el agua del deshielo serpentea por nuestras zapatillas y el abundante barro hace que sufra un par de caídas, no sólo mi cuerpo sufre los impactos con el suelo, mi mente ,que hasta entonces iba en armonía, comienza a tornarse negativa y quebrantable. Llego a la carpa de avituallamiento con buen tiempo pero con mala cara, y esto me lo notan rápido Paco Robles y mis amigos Javi y Manolo (Ultrafondo Algeciras). Paco sale en solitario y yo me uno a mis compañeros sureños en un trío que ya no se separara bajo ninguna circunstancia.
Subimos al col de la Seigne, segundo punto mas alto de la carrera (2516m), y bajamos hasta un punto crucial para mi en el recorrido, el refugio Elisabetta, en este punto acabo mi aventura el año pasado, así que mi mente vuelve a su armonía y mis brazos hacen un par de “cortes de manga” mirando hacia atrás y pensando ¡ahí te quedas con todos tus ……..!

Después de un poco de llaneo volvemos a subir para tomar altura y comenzar una de las bajadas más dañinas del recorrido. Llegar a Courmayeur costo a nuestras fibras musculares cientos de microroturas y un buen dolor de rodillas. En el centro deportivo, que sirve de gran avituallamiento y posibilidad de cambio de ropa, se ven sonrisas y lágrimas, mucha gente se retira y otros marchamos con la ilusión de estar ya cerca del ecuador de la carrera. Para mi llega otro de los malos momentos de este año, el fuerte calor del medio día hace que la subida al refugio Bertone sea un auténtico calvario. Hasta siete veces me tengo que parar y sentarme en alguna piedra para recuperar un poco las pulsaciones, esto se parece mas a Ronda que a Los Alpes. Gracias al cielo, desde este refugio hasta el de Bonatti, el camino es suave y precioso, por un sendero que bordea la montaña con unos cortados de infarto y unas vistas impresionantes. Así que me recupero a la perfección del mal trago de la anterior subida, y dispongo mi cuerpo y mi mente a enfrentar la subida al Grand Col Ferret desde el puesto de control de Arnuva. Debido a la fuerte pendiente ganamos desnivel en muy poca distancia, y al mirar hacia abajo se ve una hilera de hormigas que sigue nuestros cortos pasos. Estamos en el punto mas alto de la carrera (2537m) y con 98km ya en nuestras piernas, a un lado de la montaña queda Italia y en el otro Suiza nos espera para continuar con esta historia que hace tres años se metió en mi cabeza. A estas alturas me empiezo a creer que este año si lo voy a conseguir, aunque hay que ser prudente pues se acerca la segunda noche sin dormir y las fuerzas van ya muy limitadas.

Javi va algo tocado, tiene una contractura que le pilla media espalda y la rodilla derecha le esta pidiendo socorro. La bajada hasta Issert la hago en plan zombie, escucho el mp3 y tengo sueño, no recuerdo nada en especial, pongo solución con un gel de cafeína y comenzamos a subir a Champex Lac. Tengo la impresión de que aquello tiene mas desnivel del que reflejan las tablas, no se si existe algún error o que ya voy muy cansado. Veo un cartel de “avituallamiento a 100 metros” y no se como lo han medido, no hay manera de llegar, subidas, bajadas y aquello que no aparece. Por fin llegamos al segundo gran avituallamiento donde recogemos la bolsa y en mi caso la vuelvo a soltar. No quiero perder mas tiempo, cada vez que uno se para el cuerpo empieza a temblar destemplado, el sueño me hace ver caras en las piedras del camino y alguna hasta parece moverse sola. Tomo un poco de sopa de fideos y un par de vasos de cola, y sin mas emprendemos de nuevo el camino. Somos los tres ultra-mosqueteros, uno para todos y cafeína para Javi que se nos queda dormido en pie.
Gracias a la mente enferma de algún sicopata nos vemos subiendo a Bovine por el peor sitio que se pueda imaginar, ni los bichos suben por aquel sitio!. Rocas, raíces, barro y una pendiente que casi nos hace escalar algunos tramos, se escuchan maldiciones en varios idiomas, y nosotros los andaluces nos desahogamos de lo lindo (pedimos disculpas a la madre de algún señor, seguro que ella no tuvo la culpa).

Si la subida fué mala la bajada fue peor, eso lo haces cargado de energia y es salvaje, pero en nuestro estado ya ni se puede explicar. Llegamos a Trient (km 137) y aunque aún quedan muchos desniveles todo se perdona después de lo sufrido. Veo en un par de ocasiones a corredores dormidos a los lados del camino, Morfeo ha podido con ellos y les puede aguar la fiesta, tiene que ser una desgracia haber llegado hasta aquí y no lograr llegar a tiempo. El paso fronterizo a Francia lo hacemos en otra bajada de las que hacen llorar a las articulaciones, el señor “Ibuprofeno” es mi cuarto compañero en este final de carrera.
En el puesto de Vallorcine el ambiente es de euforia, la gente ya se abraza y saluda sabiéndose vencedores, 147km y lo que queda de camino se hace bien con el tiempo que tenemos de margen. Asi que seguimos adelante con nuestro ritmo “tiki-taka” particular, ese ritmo “kroquetero” que nos ha traido hasta aquí y nos va a llevar a la gloria.
A partir de Argentiere nuestro Javi va llorando, cientos de personas nos animan con sus gritos, con campanas y cencerros, y los coches nos pitan y jalean al pasar, somos auténticos heroes en una zona donde la gente sabe lo que hemos pasado y donde se da valor al sacrificio, tan lejos culturalmente de nuestro país donde dar patadas a un balón es lo que mueve a las masas. Manolo y yo nos mordemos los labios para no arrancar a llorar, pero el sabor a sal llega a mi boca de alguna lagrima que ha conseguido escapar.
Los siete últimos kilómetros son de los que hay que olvidar, nos metieron por todo lo peor que encontraron, subidas y bajadas duras que no venían a cuento, llenas de raices y rocas, en un continuo zig-zag que retrasaba absurdamente nuestra llegada a Chamonix. A las afueras del pueblo nos esperaban los amigos y compañeros de esta aventura del ultrafondo, todos nos hablaban a la vez, nos abrazaban y animaban a entrar corriendo hasta la meta.

Aquello fue increíble, las calles llenas de gente gritando tu nombre (pues se puede leer en tu dorsal con letras grandes), gente desconocida que te da la mano y te habla en su idioma, y tú que no te enteras de nada pero estas tocando el cielo, corremos los tres juntos hasta el arco de meta y nos fundimos en un abrazo regado con muchas lágrimas y con decenas de fotos que quedaran para el recuerdo. Mientras todo el mundo te felicita y te ofrece su ayuda para poder avanzar entre aquella multitud, retiran los chips de tu muñeca y te dan la ansiada prenda de vestir con la palabra “Finisher” impresa en la parte delantera. Aún después de tres dias estoy “borracho” de endorfinas, pletórico y dolorido, y a cada instante revivo momentos de esta magistral experiencia llamada UTMB.

Ivan Vivo.
Dorsal 2708.

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