Me ha dado un calambre

 

Me ha dado un calambre. Lo acabo de notar. Llevaba rato avisando el muy cabrón. Comenzó como un extraño tembleque en el gemelo derecho, como queriendo llamar la atención, hasta que ha decidido mostrarse en toda su plenitud.
En medio del mecánico, pero voluntario, acto de la zancada, el rebelde calambre ha interferido en la repetitiva secuencia, sometiendo al musculo a una repentina contracción.
Fruto del espasmo, ha emergido de mi garganta un pequeño y afeminado grito, acompañado de una especie de salto o cojera de lo mas ridículo que se pueda imaginar.
Podría tratarse de un hecho aislado, pero todo apunta a que estas cuatro horas que llevo sudando, zancada tras zancada, con esta agobiante humedad, van a regalarme mas de una visita de estos pequeños cabrones.

Y pienso yo , mientras añado electrolitos a mi agua, que una mierda iba a correr Filipides desde Atenas hasta Esparta, y que Heródoto , el historiador, nos lleva vacilando desde el año 500 antes de Cristo.
¡¡ Venga ya, hombre!! ¿sin mochila, avituallamientos, ni coche de apoyo?  …….anda…….no me jodas……

Que muy mierdas tenemos que ser los ultrafondistas actuales, que con todo a huevo, a poco que falle, acabamos lloriqueando.
Me imagino a ese pequeño japones, todo el año entrenando a lo bestia, con todo milimetrado, ritmo….., cuando y cuanto comer……, cuando y que beber……..tiempos de paso……equipo de apoyo…….y peta a 30 kilómetros de Esparta.
Es como si Heródoto se cagara en el ego del pobre japones…….y se limpiara con su estampa.

Tres horas y una docena de calambres mas tarde, sigo corriendo.
Y no hay que ser Espartano, ni griego, ni japones, para llegar donde estoy, pero si que hay que entrenarlo todo, y no dejar de llenar el estómago con lo que se va gastando por el camino.
Con todo y con eso, voy a largar la pota que Heródoto jamas narró. El tal Filípides hubiese matado a su madre por llevar mi mochila, con todo su exquisito y reducido contenido. Aun así, el hombre no flaqueó, y yo me encuentro arqueado, con las manos en las rodillas, largando una gran vomitona.
Ahora si, no me hubiera venido mal a mi, la falda de ese señor para limpiar mis zapatillas.

A veces el vómito es el punto y final de la jornada, pero otras es una ráfaga de aire fresco, el alivio de una carga que te impide avanzar, y que te devuelve la energía y la confianza. Después de vaciarte puedes agachar la cabeza y tocar retirada, o levantarla de nuevo y arrancar a correr.

Queda claro que, lo de los calambres y el vómito, son señales evidentes que te manda el organismo, para hacerte saber que hay algo que no estas haciendo bien. Y queda claro también que, mi gesto de añadir electrolitos al agua, o el resurgir de las buenas sensaciones tras potar, son acuses de recibo que te permiten continuar.
Lo que no voy a hacer jamas, es desoír dichas señales y arrojarme absurdamente a un sufrimiento innecesario.

No se que opinaría Heródoto, pero nadie muere por correr 21 kilómetros. Nadie va a cruzar la meta de esa distancia, haciendo un tiempo mediocre, y va a morir por dicha causa. Se muere porque se tiene un problema, ajeno a dicha actividad. Se muere por no escuchar los mensajes que te manda el organismo. Se muere porque se rompe una máquina que ha estado parada mucho tiempo, y de repente la quieres exprimir.
Por contra, miles de sedentarios mueren frente al televisor, mientras escuchan este tipo de noticias……..eso si es una estadística palpable.

Las modas siempre han tenido consecuencias. El boom del Skate dejó muchos brazos rotos. El boom del Surf, dejó muchos ahogados. El boom del Padel dejó muchos gilipollas. El boom del Running está dejando muchos lesionados, algún infarto, y llenando el bolsillo de unos cuantos.

Diez horas corriendo. Fin de los calambres y las nauseas. Comienza el dolor.

Pueden ser tus piernas, tus caderas, tus pies o tu espalda…….pero el dolor hace acto de presencia, y se acentúa cuando paras, cuando te sientas un minuto, y cuando vuelves a arrancar.
Con un poco de suerte tu meta está ya cerca……..con ausencia de ella, apenas llevas la mitad,o un tercio del camino a recorrer para cruzarla.
El paladar comienza a saturarse de los mismos sabores y texturas. El día se torna noche, o viceversa. Por fin orinas con cierta normalidad.

Al igual que se pasan los calambres, se pasan las modas. La historia esta de los sorteos para pillar un dorsal, los colapsos de los servidores, las listas de espera……..pasaran. La gente se cansa pronto de todo. Los mismos que hoy llevan barba larga y el último botón de la camisa abrochado, hace unos meses iban con las cejas depiladas y el pecho al descubierto. Los mismos que entendían de vino y de jamón, ahora solo beben Ginger Ale y degustan canapés de pepino.
La mitad de las carreras que existen hoy en día, desaparecerán de aquí a tres años.

Consigo cruzar mi meta. Da lo mismo mi felicidad o mi satisfacción personal. Al igual que con el pobre japones, Heródoto acaba de cagarse en mi ego, y se ha limpiado con mi estampa. Según la historia, Filípides llegó a Esparta, después de 246 kilómetros, descansó unas horas, y emprendió el camino de vuelta : otros 246 kilómetros.
Por mi parte, regresar al hotel ya va a ser un cachondeo, así que imagínate dar la vuelta en dirección a la linea de salida……

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>