Venganza y dolor

Cuando llegó a casa lo hizo en plan artista y estuvo durante una buena temporada mirando a sus compañeras de armario por “encima del hombro”, se sentía importante, despreciaba a las marcas consolidadas porque llevaba “mucha tecnología” y se impuso a las otras. Su usuario tuvo paciencia para opinar y llegó a una gran conclusión en una “Madrid-Segovia” despreciándolas pero no olvidándolas.

Cuando se planteó salir de ese armario para recorrer los 63Km que separan Algeciras del Santuario de Nuestra Señora de los Santos en Alcalá de los Gazules se sintió agradecida de que se acordaran de ellas y se despidió de sus compañeras convencida de que esta vez convencería a su usuario y no fallaría más. El problema vino cuando no se dio cuenta que el que las iba a calzar tenía una picadura en ambos pies fruto de algún roce inoportuno con algún elemento extraño. Al cabo de 13 horas de caminata la picadura había servido para que todo el pié (los dos) presentaran un aspecto de “globo lleno de agua”, requirió un corticoide para bajar la hinchazón. Ellas perjuraban que no habían tenido nada que ver, miraban hacia arriba buscando el perdón en la mirada de su dueño, y tenían razón.

La caminata la había ya hecho una vez acompañando a un amigo, esta vez fue Victoria la que me lanzó la idea, y yo no me puedo resistir…

Salí con el coche y dejé en varios puntos agua, cada 10km, el recorrido no tiene en ningún punto y es necesario. Además la distancia mas grande que había hecho Victoria era de 30Km y esto era un verdadero reto.

Salimos a las 22:30 con ropa de sobra pues podría hacer algo de fresco nocturno, afortunadamente nos equivocamos, pero en lo que confié fue en mi resistencia y es que había trabajado la noche anterior, había asistido a una carrera en Tarifa por la mañana y ahora caminaba por la noche. Cuando llevaba unos 35Km y en media noche empecé a notar ese cansancio, Victoria no parecía cansarse y me sirvió para resistir, además no había más remedio ya que nos recogerían al final pero no habíamos previsto ningún rescate intermedio.

La noche fué preciosa, muchas estrellas fugaces, yo solo vi una y es que el frontal que llevaba hacía estar mas pendiente de la carretera que del cielo. Llegamos un poco hartos a la única área de servicio que hay, La Palmosa, y desayunamos, descansamos media hora, nos quedaban 6 Km y cuando arrancamos me dí cuenta que se me había quitado el cansancio. Pero esta vez le tocaba a Victoria, no podía tirar de sus piés, era la primera experiencia de este tipo que tenía y no pensaba dejarlo a medias, empezó a llorar de dolor al salir del bar, yo me quedé impresionado y me mantuve a su lado, andaba con un paso corto y doloroso, en silencio, fue muy emocionante ver su esfuerzo, recordé todas las cosas que me habían pasado desde que me aficioné a este mundo y las veía reflejadas en ella, le dolía pero sabía que terminar su trayecto era su deseo, no quería dejar nada a medias. Tardamos mucho, casi hora y media en 6Km, pero cuando vimos el santuario se nos saltaron las lágrimas y es que estas cosas tienen esa emoción. Aquí la frase “El dolor pasa pero la gloria permanece” toma todo su sentido.

 Tras esta maravillosa experiencia en compañía de Victoria y ya en casa me incliné hacia las Hoka y las calmé, habéis hecho bien vuestro trabajo pero por un momento pensé que buscabais venganza.

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