Un clásico en el verano granadino.

Algunos me preguntan, “¿no te cansas de hacer siempre lo mismo?” y yo me vuelvo… “¿es que hay dos instantes iguales?”. En los pueblos hay fiestas todos los años: Feria de Sevilla, San Fermín, Fallas… y no creo que sean todas iguales. Cuando haces unas fotos al mismo sitio pasados unos minutos entre cada una ya son totalmente distintas… La Semana Santa se repite una y otra vez, y dile a un cofrade que siempre es igual.

Pues algo parecido me pasa a mí, la Subida al Veleta es ya un clásico, yo no es que vaya… es que no puedo quedarme en casa. Hay gente que veo de año en año en el mismo sitio, nos saludamos y nos despedimos hasta el año siguiente.Si es verdad que hay unos 50km que recorrer y en las fiestas de los pueblos no se exige tanto, ¿o sí?, porque yo prefiero recorrer 10 veces esta distancia que ir a algunos de esos eventos, cuestión de gustos.Yo me apunté tarde, fuera de plazo, pero me dejaron entrar, la organización que hace un trabajo impresionante, tiene cierto aire de familia, pero tiene un mérito enorme.

Una vez apuntado me enteré que Mark estaba también inscrito y unificamos nuestra logística. Pero la gran sorpresa fué la presencia en tierra Nazarí de Jesús Egumendía, este gran señor de la distancia y su buena amiga Mari Feli ha hecho que esta edición sea muy especial pues si algo bueno tiene este nuestro mundo es la categoria de la gente que estoy conociendo.
El recorrido se sabe, la dureza se conoce y por eso yo me engancho a mi música y hago “mi trabajo”, troto hasta donde mi modesto/mediocre entrenamiento me permite y luego camino a ritmo alegre hasta que me dicen que pare allá en lo alto. Normalmente hago mitad y mitad, y en ese tiempo me produce mucha satisfacción los momentos que se pasan en el recorrido donde la gente te anima con auténtica pasión, hasta la Guardia Civil te “empujaba” con sus comentarios. El trance en el que se mete uno cuando corre estas cosas solo lo puede entender quien lo ha vivido.La sierra estaba espectacular, con los remontes abiertos, de manera que había gente paseando por todos lados: turistas, montañeros, perros, caballos, habituales del Imserso, bicicletas de carretera, de montaña e incluso bicicletas de descenso pegándose leches por las pistas de esquí reconvertidas en circuitos. La llegada es siempre emocionante, reconfortante y sobre todo alucinante cuando te encuentras en meta a Superpaco que salió el día anterior de Antequera y llegó hasta la cumbre, este hombre no deja de sorprender.Yo participo y valoro mucho lo que supone organizar una carrera como ésta, llevan 29 años, de una cosa que empezó entre 4 amigos y se ha convertido en un clásico en el verano granadino. No me gusta ponerle defectos pero esta vez debo decir que algunos puestos de avituallamiento han sido un poco “pobres” en comparación con otros años, que la gente sigue siendo muy guarra pues tiran todo lo que se le antoja al arcén y que se debe esperar al último para desmontar la meta, y es que cada uno hace su carrera y cuando llega a meta es ganador de su prueba y le gusta se esperado, este año había mucha prisa por desmontar…

Pero salvo esos “detalles” la que presume ser como la carrera mas dura del mundo, cosa ya discutible, me sigue resultando atractiva y altamente aconsejable para que por lo menos sea una excusa para conocer la tierra en la que no pudo terminar sus dias Boabdil.

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